Sermón: El domingo veintitrés de Pentecostés 2014

Las familias de los desaparecidos de Ayotzinapa.  Imagen de aquí: http://static.animalpolitico.com/wp-content/uploads/2014/10/ayotzinapa.jpg.jpg

Las familias de los desaparecidos de Ayotzinapa.
Imagen de aquí: http://static.animalpolitico.com/wp-content/uploads/2014/10/ayotzinapa.jpg.jpg

“Su Dolor es el Dolor de Dios, Su Rabia También es de Dios”

Texto: Sofonías 1: 7, 12-18

Es un poco cruel oir palabras, como las en las lecturas de hoy, de la ira del Señor cuando ya estamos sufriendo. Cuando ya vivimos en miedo de la violencia, la pobreza, la opresión. Palabras así siempre me hacen preguntar, “¿Que más quiere, Dios?”

Cuando leemos un texto así, como Sofonías, tenemos que recordar que cada palabra en la Biblia ha sido escrito por la mano de un ser humano. Aunque son nuestros profetas, apostoles, y santos todavían son gente como nosotros—tratando de entender y acercarse a Dios, con todas las limitaciones que podemos imaginar. Entonces en lugar de interpretar sus palabras como la última autoridad de la vida para siempre, a veces es mejor leer las más en terminos humanos, quizás con alguna compasión.

En mi trabajo fuera de la iglesia, soy entrevistadora con el departamento de investigaciones científicas en un hospital. Estudiamos especialmente las conecciones entre la salud, la pobreza, y los eventos traumáticos. A veces pasamos dos o tres horas con una persona simplemente escuchando a la historia de su vida en detalle—las cosas difíciles pero también las bendiciones. Y cuando hemos hablado con un cierto numero de gente, podemos ver ciertas pautas, ciertas repeticiones—como, por ejemplo, que la gente viviendo con una adicción de alcohol o droga muchisimas veces han sobrevivido abuso severo en su niñez.

Y también, naturalmente, descubrimos las similaridades en como la gente sobreviven y mejoranse después de los eventos horribles o injustos. ¿Saben ustedes cuál emoción es muy útil frente al peligro y la trauma? El enojo. Y este es simplemente la biología—de la parte de nuestro cerebro más viejo, más similar a los animales. En un momento de peligro, un animal tiene dos opciones: pelear o correr. Si no es posible corer, va a pelear. El enojo causa ciertas cosas en nuestro sistema nervioso que mejoran nuestra abilidad de pelear.

Cuando leo las palabras del profeta Sofonías—palabras bien enojadas, llenan de ira—imagino que él probablemente estaba escribiendo desde esta posición. Y no fue simplemente por sus luchas personales pero por su sociedad, su nación. Aunque yo no creo en un Dios describido como el destructor de todos los inhabitantes de la tierra, entiendo bien el enojo que Sofonías tiene para una sociedad en que su salvación depende en su oro o plata. Una sociedad en que los líderes piensan que la riqueza es más importante que Dios, más importante que los hijos de Dios.

Imagino que muchos de ustedes están escuchando cada día a las noticias de México muy atentamente, especialmente en las últimas semanas en el caso de los cuarenta y tres estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, en Guerrero. Las manifestaciones que pasan diario en todas partes del país, exigiendo responsibilidad en el parte del gobierno, son una continuación del enojo sagrado del profeta Sofonías. Cuando el estado actúa en una manera tan brutal, tan corrupta, es justo para la gente expresar su enojo y su resistencia. Y cuando este gobierno y estas noticias—aquí, en los Estados Unidos—mantiene silencia total en lugar de la solidaridad, es justo y digno expresar su enojo. Es nuestra herencia y nuestro derecho, desde los tiempos del profeta Sofonías, decir que la ira de Dios es para los gobiernos “que se sienten tranquilas como el vino reposado” frente al abuso de los inocentes.

Este tipo de enojo no es simplemente algo biológico, ni es negativo. Si usamos nuestro enojo para denunciar un estado injusto como Sofonías—especialmente en defenso de la gente, de los pobres, de los oprimidos—el enojo se convierte a una bendición. En medio de tanta lucha, hay también expresiones hermosas de esta tipa de bendición y solidaridad, y voy a terminar con dos ejemplos. El primer es de las palabras escritas en una bandera en Chiapas, dedicado a las familias de los estudiantes desaparecidos, que dice, “Su dolor es nuestro dolor, su rabia también es nuestra.” Y el segundo viene de las palabras de la pancarta de otro estudiante en Guerrero, diciendo esto:

Quisieron enterrarnos, pero no sabían que eramos semilla.

Amén.

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About aaron

Catechist at Chaplains on the Harbor.
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